Una debilidad puede ser una gran fortaleza

Una debilidad puede ser una gran fortaleza

Todo despende de cómo se mire y, en base a eso, así se vive.

Una de las cosas que más me gusta hacer es trabajar con las personas en darle la vuelta a todo, entre ellas, a convertir las aparentes debilidades en verdaderas fortalezas.

Una supuesta debilidad mía, hasta la he llamado durante mucho tiempo “deformación profesional” es PENSAR DE MÁS. Me han dicho innumerables veces expresiones como: no pienses tanto, no le saques los tres pies al gato, no le des a todo una vuelta de más … Y la verdad es que he llegado en algunos momentos a acomplejarme y creer que “algo no andaba bien en mi”, que no debería de hacer lo que hago. Sin embargo, era como no aceptar una tendencia mía y hasta natural.
Hasta que empecé a buscar respuestas de lleno en un momento de mi vida y curiosamente siempre recibía el mismo mensaje: Un secreto para el progreso consiste en el autoconocimiento. La introspección es el proceso a través del cual puedes contemplar los recodos de tu mente. Millones de personas jamás se analizan. Viven como autómatas resolviendo sus asuntos cotidianos, repitiendo las mismas estructuras mentales y perpetuando su desdicha al evadir su propio autoanálisis.

  “Toda persona debería analizarse desapasionadamente cada día y cuestionarse a sí misma” Yogananda.

Así que empecé a comprender que mi tendencia a pensar de más, no era un defecto, si no una gran virtud. La clave estaba en saber canalizarla adecuadamente.
Para ello, comparto contigo lo que me ayudó y me sigue ayudando cada día:

– Respirar.
Ya sé que todos respiramos, pero yo me refiero a una forma concreta de hacerlo. Hacer respiraciones sólo con el lado izquierdo de la nariz, ayuda a “pensar menos” seguido de respiraciones nasales alternas haciendo el circuito completo para armonizar ambos hemisferios. Así hay equilibrio y cada uno cumple con su función sin hegemonía del izquierdo que es más analítico sobre el derecho que es más intuitivo y suele estar más en desuso.

– Meditar.
Practicar el zazen por llamarlo de alguna forma. Sentarme, descansar, relajarme, no hacer nada salvo trabajar en mi interior. Eso me alimenta cada día. Y lo hago con más inri, si o si, cuando tengo algún malestar. Hasta que no recobro la paz, no me levanto del sitio.

– El Trabajo de Byron Katie.
Su libro Amar lo que Es, me abrió las puertas a un mundo nuevo. Una manera útil y constructiva de canalizar mi tendencia a pensar y analizar mis pensamientos. Cuestionar cada idea con el Trabajo es una aventura para recorrer mi mente, conocerme, desmenuzar lo que me encuentro, romper límites, dejar espacio libre, reinventarme …. Diría que después de tanto practicarlo, ya lo he automatizado, ya me sale solo y es una maravilla.

– Practicar el arte de no creerme nada de lo que pienso, reírme de mis divagaciones mentales, cambiar de ángulo continuamente para ver desde otra perspectiva, … resulta fascinante y muy divertido para mi.

– ¿ Y si eligiera pensar otra cosa…. Cómo sería? 

Ver que todo está en posibilidad y elegir manifestar una u otra cosa en base a creer en un pensamiento o en otro. Jugar a crear y descrear jugando.

Conclusión, que lejos de ser imperfecta y tener que luchar evitando pensar tanto, he aprendido y así lo vivo yo, a sacarle provecho a esta tendencia mía.

Deseo que tú también le des la vuelta a tus aparentes defectos o debilidades y encuentres la gran virtud que hay en ellos.  En todo hay una Belleza Oculta.  Pero solo la ve quien lo elige.

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